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(Sevilla): La presencia policial aburre al barrio de la Alameda


Público | Sábado, 27/09/2008 - 11:35am

Furgones de policía en el centro de la plaza controlan a las pandillas que pretenden hacer botellón y, ya de paso, a los bares. “A las doce de la noche pasan por los veladores recordando que tenemos que quitar las mesas. Si no lo hacemos o tardamos algo más en recogerlas, nos cae una multa”, explica un comerciante que prefiere no dar su nombre.

 

Y así cada noche, a pesar de que el clima en Sevilla acompaña a estar en la calle. “Esto no es Noruega” recuerda enfadado Leo, encargado de un bar que lleva 13 años abierto en La Alameda de Hércules.

 

Siempre La Alameda ha sido un lugar multicultural y bohemio, multitud de tribus urbanas conviven sin conflictos unidos por los hábitos más comunes de esta zona sevillana: porros, cervezas, y la vida en la calle. “Lo que a mí me interesa es encontrar un sitio donde poder sentarme en el suelo con mis colegas a beberme una cerveza sin que nadie me eche”, comenta Jordi, un habitual de La Alameda.

 

Pero estos hábitos cada vez son más escasos en esta plaza. La ley antibotellón aprobada en 2006 prohibía beber en la calle y los clientes debían buscar algún cobijo. “Cada vez que viene la Policía nos metemos en los bares, en los veladores, para que no nos echen ni nos multen” dice Mata, otro asiduo. Pero también se acaba esa protección por la llegada de la policía.

 

Obras y más obras empezaron a atraer las miradas de aquellos que vieron que La Alameda se podía convertir en un valor inmobiliario por su cercanía al centro de la ciudad. Se notó el gran cambio tras la última obra de remodelación de La Alameda, que aún no ha concluido. “En esta zona ha crecido el precio de los pisos 10 veces en dos años”. Un dúplex que antes costaba 16 millones ahora no baja de los 60.

 

Además los negocios y los bares han proliferado, y han pasado de ser seis establecimientos a más de 40. “El sector terciario ha ayudado a levantar la ciudad, y ahora nosotros somos los que sufrimos un cierre indiscriminado”, explica Leo.

 

Los recortes horarios afectan duramente a las ganancias de los bares, que se ven mermadas. “La policía hace que la gente se asuste y deje de venir. Estamos sometidos a una estrangulación económica” opina Leo. Pero la ley es la ley, y ellos lo saben. Cada bar cierra a la hora que marca su licencia.

 

Los hosteleros han creado asociaciones de comercios que luchan por llegar a algún acuerdo, pero “es muy difícil” se lamenta Manolo, encargado de un bar que lleva 21 años en La Alameda y que ha visto todas sus fases, “somos 40 comerciantes”.


 



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