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¿Por qué apesta MySpace?


Anónimx | Sábado, 06/09/2008 - 11:03am

Miseria de la organización: MySpace y el clima actual.

La situación actual nos deja un tanto perplejos. La cantidad de grupos que aparecen en Francia y en el extranjero se volvió exorbitante. Un origen evidente de esta evolución es la utilización del interfaz “MySpace” que vuelve todo más fácil. Su presentación, la búsqueda de datos, la comunicación, son tantos aspectos de un grupo que este lugar propone sintetizar eficazmente. Quienes son más bien partidarios de las redes constituidas de boca a oreja, con lo emocional, los encuentros y las ramificaciones naturales y progresivas, aquí tenemos que todo se mezcla y nos estandarizamos.

 

Pocos usuarios se plantean realmente cuestiones sobre el método de funcionamiento de MySpace, muchos se satisfacen con “a pesar de todo es más fácil”, “eso u otra cosa”, “qué se puede hacer”. Resultado, una mayoría aplastante de grupos se basa en este CV prefabricado, que están comprometidos más o menos políticamente, desde “+++”, marginales, o alternativos, aficionados o profesionales. Este entusiasmo sin duda apena. Sobre todo teniendo en cuenta que la utilización (a menudo exclusiva) de MySpace genera más que una manera particular de estructurar una red o de influir sobre nuestras maneras de funcionar: el interfaz MySpace inscribe a sus usuarios en una lógica de simple autopromoción espectacular, donde se habla de sí y de sus amigos (si son útiles), sus giras, sus producciones discográficas, sus entrevistas, las críticas de “gusto”…

 

Esta situación forzada responde a una descontextualización total del medio de la música (todo vale, todo se confunde, todas las maneras de funcionar se parecen), la posibilidad misma de que se tome partido se borra, desaparece. Sobre todo para los protagonistas de una escena de música a priori alternativa (o en cualquier caso informal) a caballo en algunos casos con una profesionalización que se adapta bien a esta ausencia de tal partido tomado, un enésimo avatar del pensamiento llamado liberal, enemigo declarado de lo políticamente correcto que asusta (se podría decir mucho sobre este concepto de "políticamente correcto", el cual, bajo el pretexto de ser moralizador y retrógrado, es un espantajo regularmente alegado para eludir el debate).

 

¿Qué es lo que está en juego de tal evolución?

 

En nuestro medio, que es el de la afición “artística” donde se intenta la instauración de una ética que pueda definir la dimensión alternativa de nuestras prácticas, se yerra en lo fundamental. Y lo que sugiere la utilización de una interfaz como MySpace (este registro de su presentación, esta preocupación por la comunicación eficaz, este compromiso en el carácter de las redes), se traduce insidiosamente en muchos casos por un enfoque sin complejos de la música a la dimensión exclusivamente artística: privada de cualquier otro contexto, la práctica artística se asocia a gestiones y exigencias de funcionamiento expurgadas de toda dimensión política. Concretamente, se sacrifica todo a la música, como si el objeto artístico se situara en un arriba inexpugnable y fuera de toda corrupción. ¿Qué conoce la gente, a partir de dónde busca datos, que se presentan a través de las crónicas y los conciertos históricos, adornado con las giras en cada ocasión, que conectan al método estajanovista americano, decenas de fechas, que sacarán pronto un disco, que todo es divertido?

 

Cuando un manager se dirige nosotros para organizar un concierto, se le acoge con sospecha. Sobre todo sabemos (como sucedió recientemente) que el manager se dirige bien a estructuras institucionales (que estén afianzadas ideológicamente en un consenso comercial como el Punto Efímero en París, o en un registro más "contracultural" como los Momentos Volcados a Montreuil) que a nosotros.

 

De dónde viene pues esta duplicidad: ¿de la hipocresía, de la ignorancia, o del cinismo? Deseamos decir que una gran parte de los grupos en gira actualmente (inscritos o no sobre MySpace) no están muy concienciados por lo que se refiere al lugar donde dan sus conciertos y cómo se genera. La “herramienta” MySpace es quizá sólo anecdótico, sin duda un síntoma. Pero su utilización masiva y sin reserva reduce el nivel de compromiso extra-artístico que se conoce actualmente y revela los límites de lo implícito en el contenido de las prácticas artísticas.

 

Organizar conciertos, la práctica.

 

Desde hace 5 años se organizan conciertos en París, con algunos cambios (para bien y para mal). Nuestro funcionamiento es el mismo todavía: se organizan conciertos en squats, bares, locales asociativos, o incluso librerías, con una entrada mediante abono (4 ó 5 euros, raramente más, a veces sobre donación). Toda la pasta sirve para reembolsar los gastos de organización (comida, bebida para los grupos, mantenimiento del sonido, rudimentario pero que se utiliza), y se transfiere la mayor parte a los grupos. Generalmente se intenta darle como mínimo 150 € a un grupo en gira, 100 € si es uno solo, y luego un pequeño gesto simbólico al grupo local (estilo 15 €). Son los únicos gastos, se procura ubicar a los participantes en nuestras casas. Si hay mucha gente, se constituye una pequeña “reserva”, historia al margen de los días de vacas flacas. Desde hace 2 años tenemos nuestro propio sistema de sonido lo que nos simplificó enormemente la vida. Por el contrario es siempre tan difícil encontrar lugares disponibles... Es la parte a menudo más ingrata de la preparación de un concierto: buscar el lugar donde se hará. Lo que cambió también, es que hay mucho más grupos en gira, y en consecuencia aumentan las propuestas de conciertos… y que para la gran mayoría de ellos, el escaparate MySpace en Internet es el medio normal en el cual se basan para comunicar rápida y eficazmente (pero a eso se volverá de nuevo más tarde).

 

Las dificultades horarias se volvieron poco a poco drásticas, es ahora super raro poder actuar tarde. La mayoría de los lugares exigen el final de los conciertos a las 22:00, o incluso a las 21:30. Las denuncias de la vecindad son corrientes, y la intervención de los polis amenazando, siempre. Los conciertos deben comenzar cada vez más pronto, lo que es problemático cuando se necesita liberar tiempo por la tarde, pues los grupos vienen de lejos y deben hacer un balance, que el público no tiene inevitablemente la posibilidad entre semana de llegar pronto. El concierto toma a menudo el aspecto de un artilugio que brilla, donde se condensa todo entre 18:30 y 22:00, charlas y comidas incluidas, bajo la presión impaciente del menor deslizamiento horario. La obsesión disciplinaria se traduce entonces en una oferta progresiva a ritmos que no se eligieron. Reivindicar en estos momentos el ocupar el tiempo con manifestaciones se convierte en un reto.

 

Intentar contribuir a la existencia de una “contracultura”.

 

Desde el principio inscribimos nuestra acción como una contribución a la existencia de un medio alternativo en París (que no estamos afortunadamente solos a la hora de reavivarla). Lo que no quiere decir que se trate de establecer una red paralela donde se reproducen a pequeña escala las mismas tendencias que en la cultura dominante (allí se habla de nuestro ámbito de predilección, el que afecta a una forma de cultura popular, que se diferencia casi siempre, por una parte de la música de masas, y por otra parte de la música llamada “culta”). Estas tendencias son para nosotros la espectacularización de las actividades vinculadas a la música, su descontextualización sociopolítica, la omnipresencia de la dimensión mercantil, la publicidad y la promoción que se deriva, la ausencia total de crítica intelectual y análisis. La alternativa, en tanto que contracultural (basándonos en la connotación histórica en los 60 de esta palabra), es evidente cuando se compara la mayoría de los funcionamientos institucionales (las salas de la red Ferarock por ejemplo) o privados (el Nuevo Casino o el Punto Efímero por ejemplo), con lo que se hace en nuestros cuadros informales. La relación es diferente, el ambiente es diferente, los objetivos son diferentes, los medios son diferentes. Es de una determinada manera bastante jubilosa y que tranquiliza poder participar espontáneamente en una actividad artística, dotada con una dimensión política, fuera de nuestros trabajos respectivos más o menos vinculantes, en un marco que decidimos nosotros mismos, a nuestra manera, y que nadie nos pidió hacer. Si estos métodos no tienen nada de revolucionarios (la revolución, en una denegación radical de la sociedad tal como es, debería conducir a una separación total), sin embargo se oponen francamente al consenso ideológico que los rodea, y que se se niega a interiorizar.

 

El problema de la elección de los lugares.

 

Lo ideal sería administrar un lugar nosotros. Desgraciadamente, nunca hay: alquileres demasiado costosos en París, no hay oportunidad, no hay tiempo, no hay oportunidad, resumidamente. De mano, se debe buscar cada vez un lugar. Entre aquéllos que se prefieren, está el squat (por ejemplo la Espejería). Es un espacio de dimensión política evidente, bastante permisivo, y cuya estética está liberada del higienismo ordinario. Son los únicos lugares donde durante una tarde nos sentimos responsables de un lugar, donde las relaciones de confianza existentes por una noche no son con ánimo de lucro. No así en el caso de un bar que nos acoge, puesto que nuestras actividades le permiten directamente mejorar su comercio. Es a menudo con reticencia que nos avenimos a organizar allí un concierto, aunque es un tipo de lugar que se aprecia por otra parte y que se tiene la práctica frecuentar mucho. Es vincular hasta cierto punto nuestras iniciativas con una actividad comercial, lo que no puede sino ser contradictorio. Sin embargo al hacer el trabajo individualmente, se da con bares muy acogedores y amistosos (como la Buena Recepción por ejemplo).

 

> Mientras estos lugares neutros pretenden no tener una programación, los distintos acontecimientos que por allí se pasan están desconectados unos de otros, y la organización de un concierto no garantiza una tendencia particular. En ese caso se permanece en el registro de lo informal, donde un dueño cede su bodega al primero que lo ha reservado, más que nada por tener un buen contacto con él. Por el contrario, un bar (o una sala) tiene una programación, lo cual sugiere que hay parte involucrada perteneciente al medio musical de París. Organizar conciertos en lugares como éste equivaldría a volver legítima este tipo de actuación, y a aprobar el tipo de música hay, así como su método de funcionamiento. Ahora bien, no es demasiado fácil boicotear lugares de este tipo que van radicalmente en contra de nuestras concepciones (el Gambetta, la Flecha de Oro, por ejemplo).

 

http://orgakliton.ouvaton.org/#Mis%E8re

 

¡Jode Myspace!

 

Pequeña nota para los despistados con MySpace…

 

A modo de presentación, ¿a quién pertenece MySpace?

 

Al hombre de negocios australo-americano Rupert Murdoch. Por resumir, actúa como se esperaría en un multimillonario, amigo personal de la familia Bush, propagandista político por medio de su imperio de información (entre los cuales encontramos la muy famosa cadena de TV Fox News, 1ª cadena de información americana) y y también demuestra su apoyo activo a las intervenciones militares de EE.UU por todo el mundo. Durante la preparación de la invasión iraquí, los 175 diarios y publicaciones que posee Murdoch a través del mundo tienen de sobra defendida la entrada en la guerra

 

¿Por qué boicotear a MySpace?

 

La lógica es simple. Lo más complejo a día de hoy para los sitios Internet que extraen sus rentas de la publicidad es crear contenidos. Sus usuarios crean el contenido de la red MySpace al 100%. MySpace se sacó 580 millones de dólares, cantidad que hoy valdría 10 veces más. Todo gracias a cada uno de sus usuarios… Y este dinero no sirve más que para reforzar el poder y el control social sobre las poblaciones. Pero más allá de eso, todavía hace aún más penoso el ver grupos cerdos o skins, que se reivindican anticapitalistas y pretenden defender alternativas, venderse sin manager en MySpace, aplicando una bonita venda de publicidad para Air France, Meetic o SFR. Y peor aún, cada vez menos gente parece plantearse la cuestión, el efecto de la moda ha aumentado en un tiempo récord, a veces incluso a partir de las primer repeticiones; "¡necesitamos un MySpace!".

 

Un artilugio estúpido lleno de publicidad, que se ha convertido en vital, con hostiles partidarios que se ciegan en cuanto se les explica lo que MySpace representa. Algunos predican el DIY pero no son dados a pasar más de media hora para crear una web que va a difundir su material y servir de escaparate del mundo entero. Los tíos pasan horas y horas preparando sus entradas, subiendo canciones, poniendo sobre papel y en música lo que tienen en las tripas… y combinan eso con lugares podridos de publicidad, perteneciendo a la hez de la humanidad. Porque es así de simple, fácil y casi todo el mundo tiene uno. Y tanto peor si se abastecen las cajas de una putrefacción tan ultra potente para dar a conocer sus canciones antimilitaristas supercomprometidas, ¡la falta de tiempo o competencias técnicas es buena excusa! El día en que se distribuirá con la entrada de los conciertos el catálogo Dell o las promociones del Crédit Lyonnais y MI (que por supuesto habrán subvencionado el concierto), se encontrará siempre para venir a explicar que sigue siendo subversivo y que eso perjudica al sistema… se disculpan por adelantado de no estar convencidos. Pequeñas respuestas a argumentos oídos demasiado a menudo…

 

"Myspace es una herramienta formidable"

 

¿Y cómo hacían antes del MySpace? Y bien, creábamos nosotros mismos sitios en Internet (con nuestros dedos y cerebro), se enviaban correos electrónicos y todo funcionaba también. Conexiones y redes se organizaban también. Nos reivindicamos del movimiento punk, el mismo que siempre ha defendido una visión DIY en sus actos. DO IT Yourself. Hacer una página en Internet para presentar a su grupo está al alcance todo el mundo (o de un amigo que sepa, en el peor de los casos). Eso exige un poco más de esfuerzo (muy pequeño) que abrir una cuenta en MySpace, pero permite seguir siendo independiente.

 

“El daño de boicotear a MySpace, que es una formidable herramienta de comunicación gratuita para decenas de millares de grupos. Gracias a MySpace hablamos y nos comunicamos con grupos que nadie escucha en ninguna otra parte… o casi"

 

Hechos. Existen aún (y afortunadamente!) millares de grupos que no tienen un MySpace, o no lo quieren. Y nada te impide descubrirlos, mediante un buen motor de búsqueda, leyendo algunos fanzines, escuchando buenas emisiones de radio, o frecuentando buenos foros.

 

"Podemos contactar con muchísima gente gracias a Myspace"

 

Curioso. Yo que pensaba que más bien servía para decir “thanks for the add!”. Cada uno puede jactarse así de tener un montón de amigos virtuales en la escena, es formidable, en efecto...

 

"Si se plantea la cuestión de Myspace, entonces es necesario extenderla a toda la cadena de la que formamos parte: vuestro proveedor de electricidad, la marca de vuestro ordenador, vuestro sistema..."

 

Este razonamiento es falso. Es necesario desde ya diferenciar en qué tenemos elección y en qué no. ¿Conocéis ese medio alternativo de proporcionar suministro a particulares? Nosotros no... ¿Conocéis un medio para poder pasar de los desarrolladores informáticos? Nosotros no.... y, de paso, es curioso poner a Myspace al mismo nivel que su proveedor de electricidad, siendo a pesar de todo más vital.

 

“Sabemos que MySpace está lleno de cosas que criticar, pero bueno...”

 

Sería necesario no perder de vista el principio del DIY: - si sé conscientemente que algo apesta, está en mi mano encontrar/proponer una alternativa.

 

“Hay combates más importantes que MySpace”

 

Esta clase de trucos, que consiste en definir prioridades de acción es justo la excusa habitual para aquell@s que no hacen nunca nada y se buscan excusas. Es necesario ver este comportamiento de una manera más global, dentro de un conjunto: cómo actúa cada uno concretamente contra el capitalismo y otras formas de explotación, pero entonces, ¿y si se encuentra siempre un medio de rebajar las formas de lucha, tan simples y en apariencia insignificantes como éstas? “Hay cosas más importantes que el vegetarianismo”, “tengo algo mejor que hacer que criticar a Nike o McDonald's, “la lucha por los Sistemas Operativos libres, ok, pero ya estoy en algo más importante”, he aquí “criticar a MySpace, guay, ¿pero no tenéis nada mejor que hacer”. En realidad, todo eso son distintas facetas exactamente de la misma cosa, que ilustran una lucha consciente o no demasiado global. Si le damos a eso el nombre de tolerancia laxa, de la clase “seamos un poco cools, que los tíos tampoco hacen daño”, encorsetando así la mecánica del activismo cotidiano – que, por definición, no tiene vocación de ser demasiado visible, y que comprende muchos trucos en apariencia “insignificantes”. Pero al final a este repertorio se añaden y añaden nuevas cosas de modo que se obtiene una lucha coherente, a pequeña escala, sí, pero al menos EXISTE.

 

“Hay grupos muy buenos en MySpace”

 

¿Y? ¿Tienes necesidad de seguir a tus ídolos? Sobre todo cuando ellos mismos son incoherentes, a sabiendas o por ignorancia.

 

Argumento último: “dejad de comernos el tarro, MySpace es una herramienta de comunicación para gente y grupos que quiere contactar rápidamente sin romperse la cabeza, departir con sus coleguillas, blablabla...”

 

Esta vez dejamos la palabra a Patrick Le Lay, presidente de TF1: “en una perspectiva “business”, seamos realistas: en la base, el oficio de TF1 es ayudar a Coca-Cola, por ejemplo, a que venda sus productos (...). Ahora bien, para que un mensaje publicitario sea percibido, es necesario que el cerebro del telespectador esté disponible. Nuestras emisiones tienen por vocación el facilitarlo: esto es lo mismo que decir divertirlo, aflojarlo y prepararlo para nuestros mensajes. Lo que vendemos a Coca- Cola es tiempo de cerebro humano disponible (...) Nada es más difícil que obtener esta disponibilidad. Es allí donde se encuentra el cambio permanente. Es necesario buscar continuamente los programas que funcionan, seguir sus métodos, navegar sobre las tendencias, en un contexto donde la información se acelera, se multiplica y se banaliza.”



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