Mientras humea apetecible el
cuscús que prepara en un pequeño hornillo, y protegida por su numerosa
familia, dice tener miedo de las autoridades. "Quieren robarnos lo único que tenemos, nuestras tierras, ¿Qué vamos a hacer? ¿Dónde vamos a ir?".
Colectivos
amazighs organizaron el sábado pasado una caravana solidaria al pueblo
bereber de Azaghar. Sus habitantes denuncian al Estado de una "expropiación encubierta".
Las
autoridades trabajan en 5.000 de las 45.000 hectáreas de la tribu de
los Ait Sgougou y, según la población, "se escudan en la plantación del
atriplex, una planta de forraje innecesaria" porque su ganado ya tiene
pastos y tras la plantación, se quedarán sin él y se verían forzados a
"abandonar estas tierras" colectivas que pertenecen a toda la tribu.
En la zona malviven 500 familias,
con unos siete hijos por barba y 150 euros al mes para alimentarlos. Su
único modo de vida es el pastoreo. En su comuna, Hammam, viven en medio
de la nada.
Para acceder a la loma de la montaña donde
habitan los Sgougou hay que circular por carreteras imposibles que se
convierten para ellos en una pesadilla cuando tienen que ir a algún
pueblo a las ferias de ganado o cuando tienen que acudir a un hospital.
El más cercano está a 35 kilómetros, que se traduce en una hora y media
de coche. O casi todo un día a pie o a los lomos de un mulo.
Ni hospital ni escuela
"Nuestra
única riqueza son nuestras tierras, son fértiles y buenas para nuestros
animales", explica Mohamed Sheriff, un hombre de 80 años al que todos
respetan en el pueblo. "Las autoridades nos engañaron, dijeron que
construirían aquí un dispensario médico, que mejorarían las carreteras
y la escuela y que nos darían trabajo, que participaríamos en la puesta
en marcha de las infraestructuras".
Desde que empezaron los proyectos, en 2004, no se ha movido ni una piedra.
"No estamos en contra del Estado, ni de que haga proyectos aquí,
estamos en contra de su manera de actuar y de que quieran plantar 5.000
hectáreas de atriplex, no nos hace falta; es verdad que esa planta es
de forraje, pero se emplea en zonas desérticas y esta no lo es; además
tarda cinco años en crecer, ¿qué hacemos hasta entonces?", sigue
Sheriff, para quien la plantación de esa especie "es una manera de
expropiar nuestras tierras y echarnos del pueblo".
Qarqab
Akdelmagid es el presidente de la comuna. Según su versión, construirán
50 kilómetros de pista, instalarán ocho fuentes de agua y repartirán
entre la población 300 hornos de gas. Nada de hospitales ni escuelas.
La
mayoría de la población de Azaghar es analfabeta. Hablan su lengua, el
tamazigh. Y no saben leer ni escribir, tampoco conocen el árabe
clásico. Para Naciri Mohamed, representante de la asociación local
Taferant, "no hay centro sanitario ni colegio porque no está en el
proyecto; sí se comprometieron a ello en un acuerdo verbal, pero no por
escrito".
Siete detenidos
Ahora han plantado cara
al Estado. "La última vez que vinieron a continuar con la plantación
nos manifestamos pacíficamente, siete de los nuestros fueron detenidos
y ahora tendrán que ser presentados ante la Justicia", se lamenta Fatna mientras sigue atenta su cuscús.
No
es la primera vez que los amazighs denuncian la expropiación de tierras
y otros "atropellos" del Estado, dice Naciri, quien se siente marginado
por las autoridades marroquíes. Aún así, en los últimos años, los
bereberes han conseguido representación en el Parlamento marroquí,
desde hace unas semanas cuentan con un canal de televisión propio
–todavía en fase de pruebas– y sus asociaciones continúan infatigables
la batalla para evitar que se extinga su lengua y se pierda su
identidad.
"