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OPINION: "¿Disuadir la Participación?"

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Fernando de la Riva, miembro del CRAC y autor de distintos trabajos sobre participación y Movimientos Sociales, se pregunta en este texto por las auténticas intenciones de las Administraciones Públicas y sus contradicciones a la hora de promover la participación ciudadana.

Una y otra vez, cuando nos acercamos a las políticas públicas dirigidas a promover la participación ciudadana y el tejido asociativo, encontramos bellos discursos que hablan de profundizar la democracia, del papel fundamental de la ciudadanía, de su protagonismo en la construcción de la sociedad... Hermosas palabras, y -muchas veces- huecas.

Mientras las administraciones públicas sigan compartimentando la realidad, segmentando a las asociaciones y organizaciones sociales de acuerdo con su esquema -obsoleto- de "reparto de competencias administrativas", del que son tan celosas, su aportación fundamental será fragmentar y obstaculizar la participación social, fieles al viejo lema "divide y vencerás".

A estas alturas, en el mundo global del siglo XXI, resulta bastante evidente que los problemas y necesidades sociales están absolutamente interconectados, forman parte de UNA SOLA realidad, y -al igual que sus respuestas y soluciones- no pueden ser abordados de manera aislada, compartimentada, sin tener en cuenta el conjunto de factores interrelacionados.

Sin embargo, los ayuntamientos, las administraciones regionales, el gobierno nacional, se empeñan en parcelar la realidad, compartimentándola en distintos "ambitos de competencia", que se "gestionan" de forma separada, con escasa coordinación y -a veces, incluso- en abierta y perversa "competencia" mutua.

Quienes trabajamos en la promoción de la participación social conocemos bien -por reiterada- esa situación en la que el área, la concejalía, la consejería, el departamento... "de juventud" -por ejemplo- evita pisar el terreno del de "mujer", "participación ciudadana", "cultura", "asuntos sociales", o... la lista puede alargarse hasta abarcar a toda la estructura administrativa. Y, así, pareciera que las personas jóvenes del municipio -por ejemplo- no fueran al mismo tiempo mujeres, o ciudadanas, o sujetos de la acción cultural, o beneficiarias de la atención social, etc., etc.

A menudo, en la formación asociativa, en eventos, jornadas y encuentros, seguimos encontrándonos con el desgraciado hecho de que las organizaciones sociales de los distintos "sectores" de un mismo territorio no se conocen entre sí. Cuando son convocadas por las instituciones políticas, lo son solo aquellas que pertenecen al mismo ámbito competencial o temático: las de salud, las de mujeres, las juveniles, las asociaciones vecinales... evitando que se mezclen entre sí.

Todo ello resulta anacrónico y contradictorio. Las administraciones se empeñan en imponer a la sociedad, y a las propias asociaciones, esa visión burocrática, compartimentada y obsoleta que divide al tejido asociativo, a la iniciativa ciudadana, que debilita al Capital Social.

Si ya de por si resulta inaceptable la descoordinación, el solapamiento, la competencia mutua, entre administraciones (de distinto "nivel competencial") y entre departamentos de una misma administración, con el desaprovechamiento de recursos que ello implica, el traslado de este hecho a la realidad social resulta insostenible (e IN-decente).

Las organizaciones sociales debemos exigir a las administraciones públicas UNA SOLA política de participación ciudadana, que necesariamente ha de ser transversal al conjunto de los departamentos administrativos. Una sola y común estrategia de apoyo a las asociaciones y organizaciones solidarias. Una estrategia que, lejos de fragmentar, una y reuna al conjunto de la iniciativa social, estimulándola a conocerse, a compartir y a trabajar en red, aprovechando su complementariedad, agrupando esfuerzos, generando sinergias, impulsando una visión "comunitaria", integral del territorio y de la sociedad que lo habita.

Si eso requiere cambios en las "tradicionales" formas de organización y trabajo de las administraciones, obligándolas a trabajar -tambien ellas- de forma coordinada, cooperando, en red... pues eso es lo que les toca: cambiar, adecuarse a los nuevos tiempos.

Pues no se trata de que la sociedad se adecúe a la Administración, sino que ha de ser la Administración la que se adapte a la sociedad. ¿O no?

Fernando de la Riva   

 
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